Nota 14 Autor de nota en portal de museo Artigas- Curuguaty 2014
José Gervasio Artigas fue uno de los militares más destacados en las luchas por la independencia de los pueblos que conformaban el antiguo Virreinato del Rio de la Plata.
Artigas, que nació el 19 de junio de 1764 en
la Banda Oriental del Rio de la Plata, territorio virreinal que actualmente es
el Uruguay, luchó primero contra el Imperio Español y luego contra el Imperio
Portugués que había invadido la Banda Oriental.
También opuso
férrea resistencia a los unitarios que, instalados en Buenos Aires y
Montevideo, querían ejercer predominio político y económico sobre el resto de
las provincias e incluso sobre el Paraguay.
Artigas
conformó la Liga de los Pueblos Libres, integrada por la Banda Oriental y por
las actuales provincias argentinas de Corrientes, Entre Ríos, Santa fe y
Córdoba, Una liga fundada y organizada en base a los ideales del federalismo.
La actuación
de Artigas como “Jefe de los Orientales” y “Protector de los Pueblos Libres”
fue definitoria e inspiradora para el triunfo final de las ideas democráticas y
de autonomía en todos nuestros pueblos de la América del Sur
Pero, durante
esos años de lucha, las relaciones entre Artigas y el Paraguay no fueron
buenas.
La negativa
paraguaya de sumarse al proyecto artiguista derivó en una serie de
hostigamiento y represalias por ambas partes.
La férrea
decisión del Dictador Francia de aislar a nuestro país de los conflictos le
acarreó la antipatía de Artigas que incluso trató de derrocarlo.
Pero luego,
vencido por portugueses y traicionado por su propio lugarteniente, Artigas pide
asilo al Paraguay, y el Dictador Francia, contra todo pronóstico, se lo
concede.
En los
primeros meses de 1820, el Paraguay fue súbitamente conmocionado por el
descubrimiento de una conspiración tramada contra el Dictador José Rodríguez de
Francia. Tan pendiente de la suerte de los acusados, que otro acontecimiento
igualmente histórico paso casi inadvertido para la ciudadanía: El caudillo
uruguayo José Gervasio Artigas, había llegado hasta la costa del Río Paraná con
el propósito de refugiarse en territorio paraguayo.
Vencido y
traicionado por los suyos, Artigas se dirigió al Dr. Francia solicitando asilo
político confiando en la generosidad del Dictador y en la hospitalidad del
pueblo amigo del Paraguay.
Francia dio
la orden para que Artigas fuera recibido y este cruzó hacia nuestra orilla el
día martes 5 de septiembre de 1820.
Al llegar,
fue alojado en el convento de la Merced y el Dr. Francia ordeno que se le
proveyera de los efectos que puedan ser útiles para su decente vestuario ya que
vino sin otro equipaje que una chaqueta colorada y una alforja.
Tres meses
después, el Dictador dispuso su traslado hasta nuestra ciudad y la orden fue
recibida con agrado. La Villa de San Isidro de Curuguaty era por entonces el
cofín remoto del País. Un enclave militarizado, pero también una villa
yerbatera rodeada de chacras, campos y bosques. Un entorno similar al que
Artigas conocía muy bien y donde, quizá pensó, que podría descansar de tantas
luchas y sinsabores, tener un poco de paz y felicidad.
Mientras permaneció en el
Convento de la Merced, Francia le pasaba diariamente para la mesa.
Y de mañana y de tarde, todos los
días, le visitaba el Prior y un ayudante del Dictador con el objeto de saber su
estado y de si necesitaba algo
Con una buena provisión de
enseres domésticos y con una mensualidad equivalente a la de un ministro de la
época, Artigas fue confinado a Curuguaty. Lo que significa que no estaba preso,
pero tampoco podía ir a donde quisiera. Era libre dentro de ciertos límites.
En un comienzo fue alojado cerca
de la comandancia, pero luego su radio de libertad evidentemente se amplió si
consideramos la distancia que hay desde el centro hasta este lugar donde hoy
estamos. Esta pequeña chacra fue el lugar donde Artigas vivió su exilio.
Sobre las ruinas de lo que fue la
casa, se levantó esta Biblioteca recordatoria y aun hoy es posible observar los
restos de las antiguas paredes de adobe alrededor de ella.
En este solar, también llamado
Artigas Cué, o sea que fue de Artigas, el caudillo se dedicó cultivar la
tierra. No por necesidad si no por gusto. Y es sabido que vivía muy frugalmente
y que repartía su mesada entre los más necesitado. Francia, al enterarse, se la
suspendió.
Artigas, que llegó a Curuguaty a
la edad de 56 años, permaneció voluntariamente alejado de toda actividad
pública y sin ninguna intención de escapar, de todos modos, esto no era posible
bajo la dictadura de Francia. Residió aquí por tres décadas, compartiendo su
vida con la paraguaya Clara Gómez Alonso que le dio un hijo llamado Juan Simeón
y lo acompaño hasta el final de sus días.
Con la noticia de la muerte de
Francia llegó la orden de que Artigas permaneciera confinado en Curuguaty. Pero
poco tiempo después se le notifico que era libre de abandonar el país.
Pero el caudillo no quiso hacerlo
y hasta rechazó la invitación a repatriarse emitida por el propio presidente
uruguayo.
El gobierno de Don Carlos Antonio
López lo colmo de regalos y más tarde, teniendo Artigas ya 80 años, lo hizo
trasladar a asunción y lo instaló en la chacra de Ibiray, una de las quintas de
propiedad presidencial, donde el caudillo continuó con su sencilla vida de
campesino, permaneciendo con nosotros hasta el final de sus días.
Fue aquí en Curuguaty donde
Artigas conoció, hacia el año 1825, a Clara Gómez Alonso, quien sería su
compañera hasta la muerte. De esta unión nacería en 1827 Juan Simeón, el ultimo
de su larga prole y que llegaría a ser Teniente Coronel y hombre de confianza
del Mariscal Francisco Solano López.
El nuevo gobierno de Carlos
Antonio López, primer Presidente Constitucional del Paraguay trasladó a Artigas
hasta Asunción, donde pudo disfrutar de una plácida ancianidad en el barrio
asunceno de Trinidad, residiendo en la propia quinta del presidente y rodeado
del afecto de los paraguayos.
Falleció el 23 de septiembre de 1850, a los 86
años de edad.
José Gervasio Artigas falleció en
asunción, el 23 de septiembre de 1850 y fue enterrado con honores en el
cementerio de la Recoleta en un ataúd envuelto con la bandera paraguaya.
Nosotros lo consideramos como uno
más de nuestros grandes próceres.
Monumentos, calles, distritos, en
incluso ciudades de nuestro país llevan el nombre de Artigas, perpetuando la memoria
del padre de la nación uruguaya y del fuerte lazo que lo unió con el Paraguay,
una eterna unión de vida e ideales.
La quinta de Ibiray forma parte
hoy del jardín Botánico situado en el barrio asunceno de Trinidad.
Junto al añoso árbol donde, según
la tradición, Artigas gustaba de descansar y contar sus anécdotas a los jóvenes
paraguayos, entre ellos el propio Mariscal López y sus hermanos. Se levanta
desde 1924 la Escuela Artigas por donación del gobierno uruguayo.
El mismo que ha construido esta
Biblioteca conmemorativa que posee la mayor cantidad de volúmenes dedicados a
Artigas en todo el Paraguay

Comentarios
Publicar un comentario